Vi a un pájaro anidar en el pecho de un hombre inmovil. Fuí testigo de las noches cabalgantes llenas de religiones asesinas que nublaban los espíritus de América. Fui testigo de grandes plagas que arrasaron con la disidencia. Aquellos que miraban hacia el abismo eran tragados por un monstruo contratado por la Ciencia. Vi al espejo cósmico ser cínico y mirar hacia otros horizontes dejando fluir la ría sagrada de tu sangre. He visto la muerte y no me asusta tanto como me asustan los hombres.
Fluyen en mis venas aquellas pinturas rupestres antiguas, aquel grito de parto de una matriarca, el fruto que ya nadie recuerda, que ya no existe más. Soy un hombre de todas las épocas. Nada ha cambiado nunca. Caín, Abel, Cleopatra, Juana, Enkidu. Todos existen. Son tus padres, tus amigas, tus hermanos.
El diluvio es tu lluvia interna. Nuestra Arca, la escritura.
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